domingo, 31 de julio de 2011

Las cinco lecturas del verano

Aquí es invierno. Debo confesar que es una de mis estaciones preferidas por sus cielos grises, la brisa fresca, los días de lloviznas e incluso por los truenos a la medianoche.
También son mis meses favoritos porque leer con este clima es estupendo, más si estoy acompañada de una taza de chocolate con leche caliente.
De todas maneras dentro de un par de días viajaré a California, y allá el sol abrasador es el rey absoluto en pleno verano. Con ese horizonte cercano y sin mayores planes para los próximos tres meses, me puse a hurgar en mi librera y rescatar del olvido algunos títulos. Aquí están los cinco del verano.

1. Infierno verde, de Luis Eladio Pérez. Hace unas semanas leí No hay silencio que no termine, donde Ingrid Betancurt relata su vida durante los más de seis años que permaneció secuestrada en la selva por las FARC. En ese tiempo conoció al ex senador Luis Eladio Pérez, quien en Infierno Verde cuenta su versión de esos días y la manera en que se sobrepuso a más de tres comas diabéticos y una serie de enfermedades.

2. Lejos del infierno, de los soldados estadounidenses Marc Gonsalves, Keith Stansell y Tom Howes. Este título es para continuar la historia de los secuestrados por las FARC a inicios del año 2000. Los militares norteamericanos tuvieron muchos roces con Ingrid Betancurt en la selva, y en este libro cuentan su versión de los hechos y la forma en que el cautiverio cambia las relaciones interpersonales.

3. Los cínicos no sirven para este oficio, de Ryszard Kapuscinski. El periodista polaco muestra en estas páginas la forma de entender y hacer periodismo, además se incluyen dos entrevistas realizadas al autor en la década del 90. No se me ocurre nada mejor para celebrar, aunque sea con cierto retraso, el día del periodista.

4. Las pequeñas memorias, de José Saramago. Desde que leí su biografía ha crecido cada vez más mi interés por este escritor portugués. Antes de conocer su historia solo había leído los Cuadernos de Lanzarote, pero luego me atrapó El año de la muerte de Ricardo Reis y El evangelio según Jesuscrito. Hace un tiempo compré Las pequeñas memorias y lo había dejado relegado, pero ahora le llegó su tiempo.

5. El Hobbit, de J.R.R. Tolkien. Se trata de otro autor del que me prendí el año pasado, y aunque suene fuera de onda debo admitir que hasta el año pasado no había visto las películas de El señor de los anillos. Pero bastó leer Cuentos desde el reino peligroso para que mi curiosidad por la literatura de Tolkien se acrecentara. El Hobbit estaba en mi librera, medio abandonado, pero en estos meses me adentraré en el mundo fantástico de Tolkien.

P.D.1. También en estos meses debo memorizarme el Manual del conductor de California y hacer el examen de conducir en L.A. (Eso de leer sobre señales de tránsito no me atrae en lo más mínimo).
P.D.2. Podría haber añadido otros títulos en lugar de estos, en especial de los primeros dos, pero esos los tengo en formato electrónico y no debo meterlos en la maleta.
P.D.3. Este blog es de deportes, pero en el mes de julio me tomé ciertas libertades. Espero regresar pronto al camino..

domingo, 17 de julio de 2011

67 minutos a Nelson Mandela


El 18 de julio siempre me pareció una fecha especial, no solo porque fuera mi cumpleaños, sino porque un día como ese nació Nelson Mandela. De hecho, compartir el natalicio con un hombre que luchó por un mundo más justo y menos racista es lo mejor de haber nacido en esa fecha.
Nelson Mandela fue el primer presidente de Sudáfrica elegido de manera democrática en 1994, con la complicada tarea de unir a un pueblo dividido durante décadas por el apartheid.
Pero su lucha no comenzó entonces, su misión por una Sudáfrica y un mundo más justo había empezado años antes en el Congreso Nacional Africano y otras iniciativas políticas y sociales.
Su activismo lo llevó a ser arrestado en 1964, y a permanecer en prisión 27 años de su vida. Allí fue etiquetado con el número 466/64 (el preso 466, arrestado en 1964), un “simple” convicto más que debía luchar contra las condiciones inhumanas del cautiverio.
“No importa cuán estrecho sea el portal // cuán cargada de castigos la sentencia // Soy el amo de mi destino: soy el capitán de mi alma”, se repetía una y otra vez Mandela encerrado entre cuatro paredes.
Esos versos del poema Invictus, escritor por el inglés William Ernest Henley en 1875, le dieron la fuerza necesaria para superar las adversidades, hasta convertirse en el mayor símbolo de la lucha contra el apartheid.
Tras su liberación en 1990, Mandela recibió decena de premios y reconocimientos en todo el mundo, entre ellos el Premio Nobel de la Paz en 1993.
La ONU también quiso reconocer su labor, por esa razón en el 2009 declaró el 18 de julio como el Día Internacional de Nelson Mandela. En la declaración mencionaba, entre otras cosas, que Mandela es “un símbolo de esperanza para todos los oprimidos y marginados del mundo”.
De inmediato la Fundación Mandela (nelsonmandela.org) hizo un llamado para que cada 18 de julio la gente de todo el mundo dedique al menos 67 minutos de su tiempo para realizar obras en su comunidad.
No importa si se trata de algo sencillo o un proyecto complejo, lo esencial es que cada uno contribuya en la construcción de un mundo más justo y más humano.
Así que a ponerse en acción hoy, mañana y todos los días. ¡Feliz cumpleaños, Mandela! ¡Feliz cumpleaños, Madiba!

jueves, 14 de julio de 2011

Lo que era y lo que es

«Este hombre no ha sido siempre este hombre. Este hombre era otro hombre antes», Juan Gabriel Vásquez, El ruido de las cosas al caer.

Desde siempre sentí una atracción desmedida por las edificaciones antiguas o abandonadas, quizá en gran parte por la sensación de inmiscuirme en una época y en unas vidas borradas por el tiempo y que nada tenían que ver conmigo.
Allí, en medio de las ruinas, me resulta imposible dejar de imaginar cómo debió ser aquello antes de convertirse en un despojo, en quienes frecuentaban esos lugares o en quienes los habitaron, en si fueron felices, en por qué se fueron y en por qué no regresaron.
Lo mismo me pasa con la gente. A veces me sorprendo imaginando cómo eran antes de ser quienes son ahora, y en qué momento decidieron dejar atrás (si es que lo decidieron) todo lo que eran.
Incluso, mientras hacía un reportaje en mis años de estudiante de periodismo, un entrevistado me dijo que no hablaba mucho y que el tiempo se me iba en ver. Y así era, veía cómo me hablaba, sus gestos, si desviaba la mirada, el movimiento de sus manos, la forma en que había decorado su oficina…
Pero eso no sucede solo con los inmuebles y los otros, también pasa conmigo, y a veces, como hoy, pienso en lo que solía ser y en lo que soy.
Por decir algo, aunque parezca risible, hace un par de años mi inspiración en los días de cierre era el partido sabatino del Águila.
Imaginarme viendo a mi equipo favorito –y mejor aún, imaginar que ganaba y llegaba a la cima de la tabla de clasificación por encima del Fas y el Alianza- me ponía de buen humor y hacía que las ideas fluyeran con más rapidez en mi cabeza.
También me alegraba la celebración de un evento deportivo importante, en especial si era de fútbol (solo quien tiene un equipo favorito, un deportista preferido o al menos se siente atraído por el periodismo deportivo entiende los sentimientos experimentados en esos escenarios).
Pero algo cambió con el paso del tiempo. Yo ya me lo sospechaba, pero ahora me queda claro: Yo era otra antes, y ahora no soy quien fui.
Por poner un ejemplo en el plano deportivo (porque este blog habla de deportes y ahora no se me antoja romper la regla), en este mes de julio ha habido eventos futbolísticos de primer nivel: el Mundial Sub17, la Copa del Mundo femenino y la Copa América ¡y apenas me enteré!
De los juveniles no vi ningún partido, de las mujeres unos 20 minutos en lo que va del torneo y de la Copa América solo los tres juegos de los brasileños.
Esto es una señal inequívoca de que algo cambió. Ahora pensar en los partidos sabatinos del Águila no me inspira demasiado, ni me invade la culpa al dejar de ver un juego del campeonato continental.
Por eso al leer la frase “Este hombre no ha sido siempre este hombre. Este hombre era otro hombre antes”, en la novela El ruido de las cosas al caer, sentí que el autor la escribió para mí.
Y así como pienso en cómo era un lugar antes de ser abandonado y en cómo era la gente hace un tiempo, también reflexiono que hoy no soy quien fui. Pero como la vida da mil vueltas, quizá dentro de un rato regrese a ser quien era, o tal vez no.